FRASES PARA SACERDOTES


"Nunca pueden confiar en una persona que desprecia la Madre de Dios. No le pueden oír nada de lo que enseña, no pueden leer nada de lo que escribe y no pueden oír nada de lo que predica. El que desprecia a la Madre de Jesús es un mismo enviado del diablo. Porque el único que persigue a la Madre de Jesús, la teme y la odia es satanás."

De: LA BATALLA ESPIRITUAL, Marino Restrepo.

EL SACERDOTE ABRE LAS PUERTAS AL FUTURO DE DIOS PARA EL MUNDO

A MIS SACERDOTES, Concepción Cabrera de Armida.

A todas las almas las gana el amor paciente, el amor humilde, el amor sacrificado, el amor sacrificado en Mi.


Siempre el Padre escucha a su Hijo; siempre lo atiende amoroso; siempre, obligado dulcemente por el amor a su Hijo, le concede lo que le pide hasta enviar al Espíritu Santo al mundo.


Amo no solo a las almas, sino también a los cuerpos, envolturas de esas almas y templos vivos del Espíritu ¨Santo.


Mi resurrección es la prenda segura de la resurrección de los cuerpos, no por virtud propia, como la mía: sino por Mi virtud, que quise concedérsela al hombre, como una gracia participada, por el contacto de mi Divinidad con la carne humana.


"En estas confidencias íntimas de corazón a Corazón; les voy a confiar un SECRETO que dejé traslucir:  LA DEBILIDAD, le llamaremos así, del Corazón de un Dios Salvador, de Jesús Redentor.  Y ¿Cual es esta divina debilidad?  Es el AMOR, el amor que me vence, que me domina, que se sobrepone a mi Justicia misma; que me hace abajarme y olvidar y borrar, y perdonar, y besar y estrechar contra mi Corazón ardiente a las almas pecadoras, a las almas injustas, a las que me han ofendido y olvidado y ¡HASTA ODIADO!


Es el Espíritu Santo para el hombre el fruto de mi oración, de mi ardiente plegaria; es decir, el grito inefable del amor de mi Corazón de Dios-Hombre, la mayor de mis ternuras en favor del mundo, y sobre todo, de mis sacerdotes.


Lo que Dios hace NO lo destruye y lo que el Espíritu Santo fecunda es ETERNO.


Si mis sacerdotes quieren transformarse en Mí, el gran transformador, el único que transforma, purifica y santifica es el Espíritu Santo.

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