FRASES PARA SACERDOTES

"No existe otro camino para experimentar la alegría y la verdadera fecundidad del amor: el camino de darse, entregarse, perderse para encontrarse" (Benedicto XVI).

El Directorio para el ministerio y vida de los presbíteros, de la Sagrada Congregación para el clero, en el n. 66 refiriéndose a la obligación del traje eclesiástico dice: "En una sociedad secularizada y tendencialmente materialista, donde tienden a desaparecer incluso los signos externos de las realidades sagradas y sobrenaturales, se siente particularmente la necesidad de que el presbítero --hombre de Dios, dispensador de Sus misterios-- sea reconocible a los ojos de la comunidad, también por el vestido que lleva, como signo inequívoco de su dedicación y de la identidad del que desempeña un ministerio público.

El presbítero debe ser reconocible sobre todo, por su comportamiento, pero también por un modo de vestir, que ponga de manifiesto de modo inmediatamente perceptible por todo fiel --más aún, por todo hombre su identidad y su pertenencia a Dios y a la Iglesia.

Por esta razón, el clérigo debe llevar «un traje eclesiástico decoroso, según las normas establecidas por la Conferencia Episcopal y según las legitimas costumbres locales».

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A MIS SACERDOTES, Concepción Cabrera de Armida.

A todas las almas las gana el amor paciente, el amor humilde, el amor sacrificado, el amor sacrificado en Mi.


Siempre el Padre escucha a su Hijo; siempre lo atiende amoroso; siempre, obligado dulcemente por el amor a su Hijo, le concede lo que le pide hasta enviar al Espíritu Santo al mundo.


Amo no solo a las almas, sino también a los cuerpos, envolturas de esas almas y templos vivos del Espíritu ¨Santo.


Mi resurrección es la prenda segura de la resurrección de los cuerpos, no por virtud propia, como la mía: sino por Mi virtud, que quise concedérsela al hombre, como una gracia participada, por el contacto de mi Divinidad con la carne humana.


"En estas confidencias íntimas de corazón a Corazón; les voy a confiar un SECRETO que dejé traslucir:  LA DEBILIDAD, le llamaremos así, del Corazón de un Dios Salvador, de Jesús Redentor.  Y ¿Cual es esta divina debilidad?  Es el AMOR, el amor que me vence, que me domina, que se sobrepone a mi Justicia misma; que me hace abajarme y olvidar y borrar, y perdonar, y besar y estrechar contra mi Corazón ardiente a las almas pecadoras, a las almas injustas, a las que me han ofendido y olvidado y ¡HASTA ODIADO!


Es el Espíritu Santo para el hombre el fruto de mi oración, de mi ardiente plegaria; es decir, el grito inefable del amor de mi Corazón de Dios-Hombre, la mayor de mis ternuras en favor del mundo, y sobre todo, de mis sacerdotes.


Lo que Dios hace NO lo destruye y lo que el Espíritu Santo fecunda es ETERNO.


Si mis sacerdotes quieren transformarse en Mí, el gran transformador, el único que transforma, purifica y santifica es el Espíritu Santo.

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